“Reflexiones sobre comunicación y los niños salvajes”

La comunicación nos describe como sociedad, nos conforma como seres sociales. Modula nuestra cultura y le otorga las características que tiene. Conforma nuestros valores, define la información y el mensaje que nos transmitimos unos a otros, pero no nos determina como seres humanos. La evolución de la comunicación y sobre todo su mal uso, nos ha llevado a una aldea global regida por las redes sociales que nos está de nuevo acercando al individualismo, a la soledad y a tener cualquier cosa al alcance de la mano, sin necesidad de practicar una comunicación interpersonal.

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Genie, la niña salvaje.

Es posible ser humano y no comunicarse. El caso de “Genie” o “Víctor”, dos niños salvajes estudiados por gran cantidad de psiquiatras, profesores, investigadores o psicólogos parecen demostrarlo. La incomunicación prolongada durante la puericia desde un momento cercano al nacimiento, pone en entredicho el axioma de la comunicación de que es imposible no comunicar, al mismo tiempo que duda de la comunicación digital; pone en entredicho la comunicación interpersonal. La comunicación es la herramienta a partir de la cual, el ser humano se relaciona y evoluciona en esencia, se desarrolla; sin ella somos tan sólo un embrión de lo que podemos llegar a ser.

Eric Heinz Lenneberg fue el primer lingüista en afirmar que la capacidad humana del lenguaje tiene una base biológica. Su teoría es que en la infancia hay un período crítico en el que se desarrollan las facultades neurológicas que permiten aprender el lenguaje. Este hecho se percibe claramente experimentado en la figura de “Genie”, que por su aislamiento durante la infancia no ha conseguido jamás desarrollar la capacidad de expresarse en una lengua. Esto demuestra lo falaz de la teoría de Noam Chomsky al aventurar que el lenguaje está en nuestros genes. Si Lenneberg está en lo correcto, no bastará con aprender un idioma y la clave de la comunicación estará intrínsecamente relacionada con la empatía y sobre todo con el hecho de experimentar la comunicación a una edad temprana.

Dada la continua infelicidad de “Genie”, en una vida colmada de problemas, desgracias y situaciones desagradables, de continuo infortunio, de completo aislamiento, pienso que la comunicación es la primera condición o axioma que nos permite ser felices. El humano, como ser sociable, necesita de esta para el desarrollo intelectual y cognitivo. Si el cuerpo fuera una máquina, la comunicación sería el combustible que nos permite desarrollarnos, condición “sine qua non” para ser felices. La comunicación en el niño es vital, necesaria en un sentido estricto.

Vivimos un tiempo en el que la comunicación ha cambiado más en veinte años que en los cinco siglos anteriores desde el invento de la imprenta según se estima, por parte de Gutemberg, hacia 1440. Estamos sufriendo un cambio brutal en cuanto a las relaciones comunicativas y sociales desde la invención de Internet, que por un lado ofrece una cantidad ingente de beneficios para nuestra sociedad, pero por otro nos induce a los peligros más temibles y temidos. Corremos el riesgo de un aislamiento profundo y el de creer que vivimos cosas que realmente no experimentamos.

El aislamiento de los “niños salvajes” se refleja muy bien en la soledad actual en la que un grupo de niños, que deberían jugar juntos, están reunidos mirando cada uno su móvil. Unidos físicamente pero no mentalmente, juntos pero todos solos en su viaje por Internet. En este caso el canal cobra vital importancia y se impone sobre la comunicación propiamente dicha. Es más importante estar en la red social, opinando en base a conductas prefabricadas y manipuladas que el acto creativo de la comunicación libre. McLuhan lo explicaba cuando afirmaba que “el medio es el mensaje”. Las relaciones comunicativas son parte de nuestra esencia, sin ellas perdemos lo que nos diferencia de los animales: la voluntad y la libertad.

Una de las características de la comunicación es la escena. Al utilizar encarecidamente estas redes sociales de forma compulsiva y con dependencia, esta característica está sufriendo una mutación y transformando así mismo nuestras costumbres, creando estilos de vida que atentan contra nuestras esencias al ritmo que cambian la historia y la sociedad. La comunicación diádica pierde importancia y se aleja de cómo se entiende a día de hoy nuestra cultura y nuestras relaciones comunicativas.

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Escuela de Frankfurt

Vivimos una época en la que la “industria cultural” nos aturde y nos envenena con un derrame constante y continuo de información. Nos satura a base de publicidad, mensajes interesados e información al servicio de ciertas minorías poderosas, en pos de poder económico, político y social. La “cultura de masas actual” o preferiblemente llamada “industria cultural”, explicada por la La Escuela de Frankfurt, en palabras de Adorno y Horkheimer, es tal y como explicaban, “pseudocultura”, que nos pretende convertir en ese ser unidimensional que postuló Marcuse, siempre con fines políticos y económicos. En el S.XXI, continuamos en la misma situación y el control de los grupos de poder es cada vez más rotundo: “En un futuro muy cercano, no buscaremos productos o servicios. Ellos nos encontrarán”. (Kubik Interactive).

En este sentido y tal y como utilizamos la comunicación en nuestros días, estamos en las antípodas de los sabios postulados de Joseph Antoine Toussaint Dinouart, sacerdote de la diócesis de Amiens, escritor y compilador grado en ciencias sagradas. Ahora hablar es “vender”, cuando lo sabio sería lo contrario. “Es propio de un hombre valiente hablar poco y realizar grandes hechos. Es de un hombre de sentido común hablar poco y decir siempre cosas razonables”. (Dinouart, 53). Entre otras muchas razones, la que hablamos es importante a la hora de ver cómo los niños y los jóvenes pierden con más rapidez que nunca, ese bien insustituible y maravilloso que es la inocencia de la infancia. Son incontables las ocasiones en las que en “El principito” de Saint Exupéry describe cómo es la verdadera comunicación, toca la esencia de lo que somos como seres humanos y explica a la perfección la absoluta incomunicación que vivimos a pesar de la aldea global y sobre todo la esencia de la “pseudocultura”. Esta es una de ellas: “¡Qué planeta tan raro! —Pensó entonces—. Es seco, puntiagudo y salado. Y los hombres no tienen imaginación. Repiten lo que se les dice… En mi casa tenía una flor: era siempre la primera en hablar…” (Antoine de Saint-Exupéry, 138).

Por: Juan José Iglesias Abad.

BIBLIOGRAFÍA.

  • Toussaint Dinouart, Joseph Antoine. “El arte de callar”. (10ª ed.). Madrid: Siruela, 2015.
  • De Saint Exupéry, Antoine. “La historia completa de El Principito” (1ª ed.). Barcelona: Salamandra, 2013.

REFERENCIAS DE VÍDEO.

  • RTVE (año).: “Genie: La niña salvaje”. http://www.dailymotion.com/video/x4e5rf6 Visitado el 22.12.2016
  • Kubik Interactive. Did you know? Social media revolution.
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